viernes, 28 de octubre de 2011

Capítulo 2: Encuentro inesperado

"Las cicatrices no son marcas de dolores del pasado, sino recuerdos inolvidables"

Cuando consiguió reponerse de la pesadilla, recogió sus escasas pertenenciaas, repartidas por todo el callejón, y se puso en marcha. La brisa de la madrugada aún era fría, así que se caló una capa negra larga de lana sobre los hombros y salió de la callejuela.

A pesar de la temprana hora, la vida en el puerto ya había comenzado. Los barcos ya navegaban mar adentro, y los mercaderes montaban sus puestos entre alegres tarareos de melodías pegadizas. Los hombres de las aduanas corrían de un lado para otro, ya agobiados a primera hora de la mañana. Todo ello se encontraba rodeado por la peste del pescado y el olor dulzón y penetrante de los exóticos productos de los tenderetes; por los gritos de los contramaestres y de los vendedores más rápidos, que anunciaban sus productos a los aún escasos clientes. Un par de nobles recorrían la zona, esperando a su hora de embarque, con la cabeza alta, añadiendo así el ruido de sus vainas mal abrochadas repiqueteando contra sus musleras al resto de ruidos metálicos de herramientas y cuchillos.
Eithan se hundió aún más en su capucha, atolondrado por la cacofonía que le rodeaba, y deslumbrado por la brillante luz del sol de la mañana que bañaba todo aquel espectáculo. Con mala cara, echó a andar entre las tiendecitas, curioseando las baratijas. Los que aún preparaban los puestos tropezaban continuamente con él, insultándole:

-Aparta de en medio, sólo estorbas -Le gruñó un pescadero. Y su sombra le gritó:
-¡Eso, atontado, algunos intentan trabajar!

Eithan y su sombra les ignoraron, continuando su paseo sin rumbo. Hacía ya 9 años que comenzó su paseo. Y aún no sabía adónde ir. Buscaba respuestas. Buscaba razones. Buscaba venganza. Pero no sabía dónde encontrarlas.
Cuando, en su octavo cumpleaños, aquel monstruo de pesadilla mató a su familia, un velo cayó sobre sus sueños e ilusiones infantiles. Una semilla se plantó en su interior, y creció arrancando las raíces de todos sus demás anhelos. El odio, la venganza y el remordimiento eran ahora su vida. Y pensaba saciarlos algún día.
Pasó unos años en su pueblo natal, viviendo a costa de los vecinos. Pero en cuanto pudo, huyó de allí. Nadie lo echó de menos.

Siguió avanzando por el puerto, divagando entre sus pensamientos, hasta que se encontró fuera del mercado, en la zona de embarque. A su izquierda, el mar destelleaba, lleno de pequeñas embarcaciones pesqueras. A su derecha, filas y filas de almacenes de productos y tabernas mugrientas se apiñaban en el mínimo espacio posible. Pero los pensamientos de Eithan volaban en otra dirección.
Su sombra, Ferox, reclamaba su atención:

-Oye, Eithan, ¿adónde vamos?

Él miró a su alrededor, despistado. No recordaba haber llegado allí. Cuando iba a responder vio, de reojo, a dos hombres salir de un almacén de piedra antiguo. Llevaban las mismas ropas, y unas espadas curvas que llamaban katanas colgadas a la espalda. Miraban disimuladamente hacia ellos, cuchicheando. La gente que pasaba por aquella zona caminaba rápido, con la cabeza gacha y tratando de apartarse de ellos.
Eithan los conocía. Eran los Señores del Azar. Una mafia que controlaba todo el juego y todas las apuestas de la ciudad. Si dos niños tiraban una piedra a ver cuántas veces botaba en el agua, ellos estaban allí para recoger las apuestas y su parte de los beneficios. Y los almacenes del puerto eran su cuartel principal. El chico giró, tratando de aparecer despreocupado, alejándose hacia el muelle de embarque. Sus pasos repiqueteaban contra el suelo de madera, elevado mediante postes sobre el mar. Trató de ocultar el rostro y mezclarse entre la multitud, rogando que no le hubieran reconocido.
Los dos forzudos se pusieron en marcha, siguiéndole a una cierta distancia. La gente les abría camino, temerosos, impidiendo a Eithan ocultarse. Aceleró el paso y empezó a tomar caminos secundarios, tratando de escapar. Fue en balde. Escuchó un susurro casi inaudible de su sombra, alarmada:

-Eithan, nos siguen. Tienes que escapar. ¿Por qué tuviste que acumular tantas deudas?...

Eithan gruñó y giró a la izquierda, desorientado. Se encontró subiendo a un pequeño barco de modelo oriental. Se camufló entre los porteadores, bajando a la bodega. En cuanto oyó las rudas voces de aquellos tipos en cubierta, saltó al primer camarote que vio, cerrando la puerta a sus espaldas. Se apoyó en ella, resoplando. Haría tiempo allí hasta que se fueran, y después saltaría de vuelta a tierra.
Pero del interior le llegó una voz nerviosa y mandona, diciendo:

-¿Quién demonios eres tú?

viernes, 14 de octubre de 2011

Capítulo 1: El despertar

"Cuantás veces, con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas, engañamos al diablo mismo" Macbeth.

Al otro lado de la pared, la noche había caído con su manto de estrellas, y los insectos del bosque inundaban el ambiente con su música. Una ligera brisa con olor a pino se filtraba a través de la ventana mal cerrada y salía por la puerta. A su paso, las llamas de la chimenea danzaban temblorosas, sin calentar apenas el ambiente. Era una noche como cualquier otra. Y, sin embargo, algo la hacía diferente. El fuego era más tenue, los insectos sonaban más crueles, la oscuridad era más oscura. Y todo ello hacía que Eithan tiritara, escondido entre su colcha, hablando en susurros con su sombra.

-Entonces, ¿Cómo es ser una sombra?
-¿Cómo demonios quieres que lo sepa?- Replicó la sombra.
-Pues sabiéndolo. Es lo que eres, deberías saberlo, ¿No?
-Pero es lo que siempre he sido. No conozco otra cosa con lo que comparar. Para mí, esto es una vida normal. No está mal, supongo. ¿Y cómo es ser una persona?
-Es... No lo sé. Es normal.-Reflexionó Eithan- A veces es guay, otras es un rollo. ¿Cómo quieres que te responda algo así? Sólo tengo 8 años, no sé nada de la vida, o eso dice siempre papá...
-Tienes razón, eres un crío- Rió la sombra.
 Enojado, Eithan contestó
-Oye, tú también, ¿no?. Naciste a la vez que yo, así que tienes la misma edad.
 La sombra se mantuvo unos segundos callada, reflexionando sobre la pregunta.
 -Sí, supongo que sí, pero de alguna manera me siento como si fuese más mayor. Hay cosas que nadie me ha dicho, y sin embargo siempre las he sabido. La verdad es que no lo entiendo...

Un pesado silencio calló sobre ellos, mientras cada uno se hundía en sus propios pensamientos. Era imposible saber qué ideas perturbaban a la sombra, tan impasible como siempre. Eithan se arrebujó aún más en sus sábanas, sentado con las piernas cruzadas sobre su colchón de paja. Las llamas de la chimenea bailaban, agitadas por el viento. Él observaba a su sombra, meditabunda, un reflejo permanente de él mismo, mientras cientos de preguntas sin respuesta se agolpaban en su mente.
Unos minutos después, Eithan reunió valor, se acercó un poco más a su compañera, y susurró:

-¿De verdad puedes... ya sabes... convertirte en la otra sombra... la de mi simtropos?
-Sí... y se pronuncia "syntrofos". Y no será eso hasta que os acepteis mutuamente en un ritual, y muchas veces eso no llega a pasar jamás. -Contestó, esquivando la pregunta.
-Bueno, pero puedes hacerlo, ¿no?. Quiero decir, tomar su forma. Para que yo sepa cómo es, y todo eso. ¿Podrías?
La sombra se agitó, algo incómoda.
-Bueno, sí... si me concentro, no debería tener ningún problema.
Un nuevo silencio incómodo se apoderó de ellos. Su sombra trataba de apartar la mirada, ocultándose. El chico suspiró, cansado.
-Bueno, pues hazlo, quiero verlo.
-Es que, no sé... tengo la sensación de que no es una buena idea. Tal vez deberíamos dejarlo, esperar a tener un tutor delante...
-¡Oh, venga, no seas gallina! Sólo será un momento, además, ¿Qué puede pasar?
-Sí, supongo que sí... ¿Qué puede pasar?
Hubo otro silencio más. Pero este fue corto.
-¡Bien, hagámoslo!  Tienes que saber algunas cosas. La primera, yo no sé qué aparecerá, y puede ser cualquier cosa. Así que luego no me vengas a mí con quejas de que no te gusta tu prorismos. Lo que salga, es lo que toca.
-¡De acuerdo! De todas formas, seguro que sale un león súper valiente, o un dragón enorme.
-Tonto, los dragones no tienen sombra. Y, lo siguiente. Mientras yo no esté, podrás hablar con la sombra de ese otro ser. Te parecerá que soy yo, porque, al fin y al cabo, somos iguales, pero no lo soy. Así que me lo tendrás que contar todo cuando vuelva, ¿vale? Y no te alargues mucho...
-Sí, sí, muy bien. ¡Ahora hazlo!

Ambos se colocaron con las piernas cruzadas, y las manos sobre las rodillas, concentrados. Su respiración se aceleró, excitado. Eithan miraba expectante a su sombra, esperando a que ocurriera algo. 
La sombra comenzó a titilar y a encogerse, lentamente al principio. Finalmente, el chico quedó solo en la habitación, mientras los sonidos del bosque se iban apagando uno a uno. El viento comenzó a soplar más fuerte, y sin embargo parecía no producir el más mínimo ruido. Las llamas de la chimenea se apagaron, dejando como única luz la de la luna y las estrellas que se filtraban por la ventana. 
La habitación comenzó a parecer más oscura, y un escalofrío recorrió la espalda del chico. De repente, a la luz de los astros, dos nuevas luces aparecieron mientras una gran masa negra se extendía desde los pies de Eithan, arrastrándose, tanteando, cubriendo la mayor parte de la habitación. Dos destellos amarillos le miraron fijamente. A Eithan. A su interior. Un sudor frío recorrió su espalda, mientras observaba como la oscura masa informe crecía sin control. 
La masa alcanzó la ventana más próxima al camastro. Los cristales estallaron con un ruido sordo, hacia fuera. Cuando los bordes de aquella sombra alcanzaron la chimenea, se prendió de nuevo, pero esta vez con unas llamas verdes con olor a azufre. Al alcanzar su pequeño armario, se hizo pedazos, haciendo saltar sus escasas prendas por toda la habitación. Un jirón de sombra se extendió hasta el techo, y el crujido fue tan terrible que, por un momento, Eithan temió que la casa entera se derrumbaría. Finalmente, cuando la sombra casi había alcanzado los bordes del cuarto, detuvo su avance, aún con una forma sin determinar. Y aquellos dos ojos color ámbar seguían fijos en Eithan, que temblaba, muerto de pánico.
Finalmente, el chico reunió el valor para preguntar, con voz ahogada:
-Hola... ¿Cómo te llamas? ¿Eres la sombra de mi prorismos? ¿Qué... qué eres?
La única respuesta fue un gruñido gutural. Un gruñido que parecía provenir de lo más profundo de las entrañas de la tierra, seguido de un rugido atronador. Eithan pudo oir como la casa despertaba a su alrededor. Todos sus habitantes se despertaban sobresaltados, preguntando qué era ese sonido. Pero también aquella cosa lo oyó. Comenzó a adquirir forma. Lo que podría considerarse la cabeza se extendió hacia el extremo opuesto del dormitorio, mientras decenas de tentáculos surgían a su alrededor. Se elevaron hacia el techo, sin quedarse en 2 dimensiones. Eithan oyó un chillido. Había sido él mismo, sin siquiera darse cuenta de que había abierto la boca. ¿Cómo podía aquella cosa tocar y romper cosas? ¿Porqué tenía tres dimensiones?. No tuvo tiempo de seguir realizándose preguntas. Las extremidades de aquel ser de pesadilla se abalanzaron por la ventana y la puerta. Una vez desaparecieron entre ruidos viscosos y repugnantes, un silencio y una tensión casi palpables llenaron la casa. Después comenzaron los gritos. Todos los residentes gritaban al pleno pulmón, conscientes de lo ocurrido. Eithan podía distinguir las voces de su padre y su madre. De su hermano. Incluso de su abuela, chillando. Su voz se unió a la de sus familiares, mientras se acurrucaba hecho un ovillo a los pies de la cama, tapándose los oídos para no tener que seguir soportando aquella tortura. Se rodeó las piernas con los brazos, y lloró, deseando que todo fuera una pesadilla. 
Así pasó la siguiente media hora, escuchando los gruñidos y rugidos de la bestia y los chillidos de su familia. Por fín, todos los sonidos se apagaron. Sólo persistía aquel ulular viscoso que surgía de la masa informe que se suponía que era el único ser del mundo entero igual que él. Se odió a si mismo, por ser un monstruo. 
Pudo sentir aquellos tentáculos rodeándolo, acercándose a él. Se encogió aún más y sollozó, esperando su muerte.
Eithan no supo cuántas horas pasó allí, seminconsciente, acunándose y sollozando en la más completa oscuridad, hasta que una voz se le acercó susurrando:
-¿Eithan? ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
El muchacho alzó poco a poco la cabeza del suelo, con la mirada perdida. A su alrededor, el cuarto había quedado destrozado. De su cama no quedaba nada, los cristales de la ventana inundaban el suelo, y manchas de sangre pintaban el suelo y las paredes, como única prueba de la orgía de muerte que se había producido allí. Después miró a su sombra, que le devolvió una mirada de preocupación. Y, con una voz apagada y triste, susurró:
-¿Qué ha pasado?... Que los he matado a todos. Los he matado con mis propias manos. Porque soy un monstruo...

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Eithan despertó jadeando de su pesadilla. Se arrancó de encima los cartones que habían sido su lecho esa noche, y se acurrucó en un rincón del callejón. Se pasó una mano sudada y temblorosa por el pelo, tratando de aclararse las ideas, repitiéndose que aquello sólo era una pesadilla. Y ojalá sólo hubiera sido eso. Pero también había sido su octavo cumpleaños, hacía exactamente nueve años. Feliz 17 cumpleaños, Eithan.

martes, 11 de octubre de 2011

Prólogo 2: Las sombras.

"En el nombre de la verdad, mientras viva, habré conquistado el universo" Fausto.

"Diario de investigación. 11 de noviembre del año 654 de la Era Gloriosa. Pueblo de Estartos. 23:41 PM.

Continúo tratando de avanzar en mis investigaciones sobre las sombras, sin éxito. Esta semana he decidido dejar de lado mis expectativas sobre el futuro para indagar en el pasado. Me he remontado a los informes más antiguos que he podido encontrar sobre el tema, incluso he leído los trabajos más básicos, una pérdida de tiempo para alguien de mi nivel. Y lo que he hallado es increíble. Nada. No he hallado absolutamente nada que no sepamos hasta el más inculto de nosotros desde que nacemos.

Creí que me estaba volviendo loca, así que, para asegurarme de cuán básicos son los conocimientos de los cientistas en este tema, leí todos los trabajos, tratados y ensayos que pude encontrar de niños con un rango de edad entre 8 y 12 años. Y, a pesar del terrible léxico, lograron explicarme lo mismo que las investigaciones de los mejores cientistas de nuestro tiempo.

Las sombras de los seres vivos pueden hablar. Tienen su propia personalidad. Son nuestros mejores amigos desde que nacemos. Compartimos con ellas todos los momentos de nuestra vida, los buenos, los malos, los vergonzosos, los inmencionables. Pero no son sólo nuestras. En algún lugar del mundo existe otro ser vivo con la misma sombra. O, más concretamente, una sombra con la misma personalidad. Y, según las teorías, ese otro ser vivo es el más afín a tí en todo el planeta. Incluso si sólo es una planta de jardín.

Si logras encontrar a ese otro ser vivo, y vuestras sombras se cruzan, si lo aceptas en lo más profundo de tu corazón, vuestros destinos y vuestras mentes quedarán ligadas hasta la muerte. O esas son la clase de explicaciones cursis y débiles que he tenido que soportar leer esta semana, a falta de una explicación racional. Sé que tiene que haber una explicación a estos fenómenos paranormales, tan comunes en nuestra vida diaria. Tal vez soy insensible a esas baratas pusilerías que se hacen pasar por verdades irrefutables porque jamás he tenido una sombra. Cuando nací, murió mi syntrofos. Jamás pude encontrar una amiga en mi sombra, ni tampoco fuera de ella...

He de admitir que, hace 3 días, a pesar de mi elevado coeficiente intelectual y mis nervios de acero, sufrí un episodio de locura. Vivimos en un pueblo, si es que se puede llamar así a 3 construcciones, una de ellas usada únicamente como almacén, situadas a 430 kilómetros de la "civilización". Pero es el precio que debemos pagar por llevar a cabo estas investigaciones, tan censuradas en los últimos tiempos. En el equipo inicial éramos 4 cientistas motivados y deseosos de realizar grandes hallazgos, 2 de ellos con syntrofos, y un viejo barbudo que decía conocer la zona. Al inicio de esta semana, sólo quedábamos 2. El resto habían caído devorados por el frío de Nivalis o por las bestias salvajes.
Pero, como decía, la soledad y la reciente escasez de suministros generó en mí un ligero brote psicótico. Desesperada por realizar algún avance o por lo menos comprobar los datos tan poco fiables de los que disponíamos, sometí a una serie de pruebas al syntrofos de mi único colega restante. Era un buho del norte, al que había conocido hacía 3 años en una incursión a los picos Everdens. ¿Por dónde iba?. Ya recuerdo. Recurrí a métodos poco éticos y menos ortodoxos a su pájaro mascota, para averiguar hasta donde llegaba su conexión mental. Pude ver a mi colega, Terry, retorcerse de dolor encerrado en la habitación contigua. Pero yo deseaba conocer los límites exactos de esa conexión. Por eso, y no por otro motivo alejado de mi afán de descubrimiento, aplasté la cabeza del buho contra el pilar maestro de la sala. Cuando solté el cadáver del animal, pude comprobar que Terry también había fallecido de un ataque cardíaco. Tras 3 horas de autopsias, sólo obtuve resultados inconcluyentes.

Pero esto es un diario de investigación, y no debo alejarme de su propósito original. El único hecho remarcable que he descubierto es que, a pesar de mis esfuerzos por remontarme a los documentos más antiguos, no logro encontrar nada anterior a hace 200 años. Me desesperó este sencillo concepto. Incluso recurrí a la palabra escrita no racional: Poemas, novelas, cuentos y otras obras literarias de escaso interés para una mente privilegiada como la mía. Y nada. En ningún documento escrito anterior a 200 años se nombra las sombras. Me sentí desfallecer y, anoche, una vez más, los nervios me superaron. Pasé la noche en vela hablándole a mi sombra, gritándole que me dijera la verdad, su origen, su razón de existencia. Pero, como toda sombra muerta, simplemente se mantuvo allí, impasible, burlándose de mí...

Oigo pasos en el exterior. Tal vez es mi imaginación que, en la soledad de la fría noche, continúa jugándome malas pasadas. Pero no puedo arriesgarme. Por eso, en futil intento de que mis investigaciones sean conservadas, guardo este diario en una botella y lo arrojo al río, deseando que alcance alguna clase de civilización. Tal vez mi mente ha enloquecido por completo y la locura me ciega. Eso explicaría porque siquiera intento algo tan estúpido, que va en contra de todos mis conocimientos racionales. Pero, ahora mismo, cualquier intento de conectar con un posible mundo exterior me parece lógico. Tal vez debería suicidarme...

Están aquí. Yo no estaba equivocada. A veces, la paranoia es la mejor herramienta..."

-Documento escrito hace 9 años por la difunta Eba McDowell, jamás publicado ni transmitido. Extraído de la biblioteca personal del cónsul Astébalor I el Sabio-

lunes, 10 de octubre de 2011

Prólogo: Situación política.

 "El poder es una sombra en la pared, y un hombre pequeño puede proyectar una sombra muy grande" Choque de reyes.

"Nos, Antéganon IV el Magnánimo, en el día de hoy, el de nuestro alzamiento al trono del magistral reino de Calixtrya, escribimos, como ya es tradición de generaciones, nuestro manifiesto real, en explicación del estado del reino y de las medidas que, si la fortuna nos sonríe, harán prosperar a nuestra amada patria.

Nuestra grandilocuente capital, Anregalor, avanza con cada jornada hacia un futuro brillante, dominando desde lo más alto de este mundo nuestra querida nación. Aquesta megalópolis, buque insignia de éste nuestro reino, y, ahora, bajo nuestro insigne mandato, alberga claros deseos de prosperidad para el resto del continente, y Nos, Antéganon IV el Magnánimo, los haremos realidad.

Los colonos del norte solo nos mandan buenos augurios desde su nuevo hogar, ahora parte inseparable de Calixtrya, y nuestros vecinos del archipiélago colgante, Géfyra, pacta con nosotros tratos comerciales, anunciando así un grato porvenir en el que nuestras naciones se unirán como grandes aliadas en este mundo lleno de posibilidades.

En las tierras bajas, los hombres de a pie sonríen y celebran con gran jolgorio y sincero orgullo la llegada de su nuevo monarca, y Nos, Antéganon IV el Magnánimo, quien por mucho tiempo será rey, garantizamos..."

[...]

"Por la santa Trinidad. Se han ido. Ahora puedo escribir sin tapujos. Escuchadme, ciudadanos de Calixtrya, prestad atención a mis palabras. Nuestro antaño gran reino es ahora un desunido vestigio de glorias pasadas.
En la capital de la que tan bien se habla en los manifiestos, las ratas abundan más que las personas, y éstas se ven obligadas a vivir al nivel de las primeras. La decadencia ha alcanzado límites inimaginables.

Nuestro reino se debilita cada día con la corrupción de las castas nobles. Por un tiempo, pensé que solo la ciudad portuaria de Aktí, verdadero buque insignia del reino, nos mantenía a flote. Y, sin embargo, este ataque viene de allí...

Pero no es solo de nuestro reino de donde surge el peligro. Al este, la República de Mystinia, que tanto tiempo ha asegurado albergar sólo buenas intenciones para con nosotros, ha comenzado a aumentar sus fuerzas en el istmo que los separa de nosotros, esperando probablemente un conflicto bélico. En el archipiélago Géfyra, que tanto nos obstinamos en someter, surgen nuevas rebeliones cada día, reclamando sus derechos perdidos. Y solo el dos veces ahorcado sabe qué diablos planean esos Hombres Ocultos del sur. Con el que probablemente es mi último aliento, os anuncio ésto: Si no cambiamos en breve, pereceremos.

No me queda mucho tiempo. Mis guardias han tratado de conseguirme todo el posible, pero esos corruptos son demasiados. Lanzo este manifiesto real por la ventana del palacio, esperando que, así, la verdad llegue al pueblo de una u otra forma. Y, como única voluntad como rey, os pido: No ignoreis mis palabras. Alzaos con vuestras voces individuales, pues en conjunto son más fuertes que cualquier régimen al que os sometan. Y, ante todo, sed libres.
Firmado,

Antéganon IV el Sincero."

-Manifiesto real nunca publicado escrito por Antéganon IV el Breve, y supuestamente hallado por Antéganon V el Entrometido, muerto la misma noche. Documento extraído de la biblioteca personal del Cónsul Astébalor I el Sabio, hace 19 años.-